[ Shepherd Band ]


LIVE SESSION

Iluminar un set a base de lámparas.

    La libertad te hace crecer… La creatividad te permite trabajar sin ataduras a normas clásicas, creando desde cero… Eso no tiene precio, el proceso creativo te hace enorme ante cualquier proyecto. Arriesgar no sólo te hace grande, te convierte en un ser libre y poderoso.

   Llevaba tiempo trabajando con la banda de rock Shepherd, son gente joven, creativa, y con mucha fuerza arriba y abajo del escenario, no se conforman con cualquier milonga, no les puedes vender motos porque entienden bastante de cilindradas, y tienen experiencia en cantamañanas. Había dirigido la fotografía de su primer videoclip serio, It´s Doesn´t Matter, y su líder Juan Jaramillo, me ofreció encerrarnos durante un fin de semana, para grabar una Live Session con cinco temas de su disco Mystic Wave, lo tuve claro: íbamos a hacer las cosas como hacía tiempo que quería hacerlas, y les propuse hacer una pequeña obra de arte, algo elegante y minimalista.

Ale Caracuel frente a un objetivo Zeiss Milvus 50mm t1.4

   Todo tiene una justificación en la fotografía de la Live Session de Shepherd, ningún cabo ha quedado suelto. Si hay algo que tuve claro desde el primer momento, era que las cámaras no se iban a mover por nada del mundo. Como dice mi gran amigo el realizador Jesús Jiménez: Más vale un plano fijo que un mal movimiento, aquí se llevaría a rajatabla. Me servirían de inspiración los programas From the Basement de Reino Unido, de los que soy super fan por su calidad y sobriedad, para mí son un formato super limpio y quería llevarme eso al set. Lo segundo que tuve claro es que no íba a hacer ni un sólo plano general, innegociable. Lo tercero: lo haríamos sin luz artificial, mejor dicho, sin luz ajena a la acción, con luz visible y orgánica, arriesgaríamos ahora que éramos dueños de nuestras decisiones, ¿cómo trabajar sin luz?, ahora veremos.

   Una de las cosas que más nos costó, fue encontrar el espacio donde grabarlo… No solo por agenda, sino por calidad del sonido y estética del estudio. Después de un trabajo de localización por varios estudios de Sevilla y alguno de fuera, la banda eligió Studio Happy Place para el sonido que buscaban, el set de grabación era suficientemente amplio para la idea que tenía en mente, además podíamos atrezzar con amplificadores clásicos propiedad de Happy Place, y conocíamos a los dueños, de modo que fijamos fechas.

 

Proceso de color en un plano corto de Juan.

Clavijero del bajo de Dani.

    En cuanto a lo estrictamente fotográfico, desde el inicio sentía que la cámara no debía restar protagonismo a la música, este asunto me tenía bastante ocupado, puesto que a veces no puedes vencer la tentación y en algún momento de debilidad, decides que es mejor mover la cámara, o bien te traicionan tus principios y cedes al consejo de cualquiera para poner un slider, o en el peor de los casos alguien que pasaba por allí propone meter el dron de su cuñado en el estudio, o cualquier otro disparate por el estilo. De modo que puse todo mi empeño en trabajar con planos fijos, planificados y muy bien compuestos. En ningún momento los operadores modificarían parámetros de exposición, y no corregirían un tiro de cámara, evidentemente teníamos que definir el área de movimiento de cada músico. Batería y teclado estaba claro que no se moverían, vocalista y coros tenían que estar junto al micro, y el bajista tenía su zona bien acotada entre amplis para evitar salir de plano, de modo que a priori no deberíamos tener ningún problema.

 

Marcos González frente a la óptica Zeiss Milvus 85mm T1.4

   El diseño del estudio acentuó mi decisión de no usar planos generales, el techo es blanco y no cuadra con la imagen íntima que quería crear, tener un plano general de la banda, tocando bajo ese techo blanco iluminado con lámparas dicroicas, me sacaba totalmente del rollazo que me daban los planos cortos, las lentes Zeiss Milvus 35mm, 50mm y 85mm, montadas sobre cámaras Sony FS7 y A7S2, me aportaban una plasticidad mágica que el angular me quitaba. Así que una vez hablado con la banda, tomamos esta decisión: si el plano general no aportaba nada, se suprimía.

Rodri en un plano lateral, con sus correspondientes lámparas en el plano.

   La tercera cuestión importante para intentar que esta grabación fuese mágica, fue trabajar la iluminación con lámparas visibles, toda la luz que usáramos iba a estar a la vista del espectador, justificada pero visible, formaría parte del decorado, sería un miembro más de la banda, ayudando a la composición, aportando luz a los fondos de los planos cortos por un lado, y por otro, iluminando de manera suave a los músicos. Cada uno de los planos debía tener al menos una fuente de luz en cuadro, de modo que si eran cinco músicos decidí usar ocho lámparas, una por músico y tres más para distribuir por el set. Cubrimos las ventanas con telas negras para convertir la sala en una caja oscura, tapamos con tela negra la pared de fondo del estudio, habitualmente tiene un terciopelo granate que no cuadraba con la paleta de color que iba a usar, coloqué a los músicos en circulo de manera que todos se podían mirar. Aproveché las luces dicroicas puntuales del techo como luz cenital para algunos de los miembros. Coloqué a Juan (vocalista y guitarra) delante de la pecera del estudio y puse detrás de él una lámpara de pie que me llevé de casa, de este modo los reflejos del cristal serían mis aliados para proporcionar textura y profundidad al fondo de su plano.

Dani, bajista de la banda, plano etalonado.

   Para atrezzar usamos amplificadores clásicos que nos prestaron Paco Prieto y Joaquín Aneri, el resto lo completamos con los instrumentos y amplis de Shepherd, todo el material de aislamiento de sonido que había en el estudio, me sirvió para dar un aspecto acogedor, Javi Mora; técnico de sonido en Happy Place, me dejó modificar a mi favor esos paneles aislantes para componer los planos, puesto que son maderas con tonos cálidos que casaban a la perfección con la temperatura de color de las lámparas (3200ºK). Una vez colocados todos los elementos sólo me faltaba que las cámaras no se vieran entre sí.

   Eran cinco músicos y monté tres unidades de cámara, así que había que tirar de neuronas para poder hacerlo sin que el montador me cortara el cuello, el hecho de estar trabajando en circulo y cruzar los tiros no permitía meter más cámaras sin ser vistas. Grabamos una primera toma, en esta me aseguraba los planos de Vocalista/Guitarra, Batería y la Guitarra de Ale, cuando la banda daba el sonido por bueno, grabábamos el tema de nuevo para los insertos de teclados y bajo. Para facilitar el montaje, en todo momento trabajamos con la claqueta de Marco en la batería, de este modo nos asegurábamos que tanto los teclados de Rodrigo y el Bajo de Dani iban a estar a sincro con las tomas anteriores. Para dar realismo a las lamparas trabajé manteniendo el nivel de blancos alto y así sobreexponer unos puntos en las bombillas, todas las lámparas estaban dimerizadas para controlar la intensidad, y en algunos casos usamos bombilla de menos vatios. En cuanto a los negros de los fondos he trabajado manteniéndolos pegados, minimizando el ruido en bajas luces, pero dejando grano orgánico para ´ensuciar´ un poco la imagen. Por ello las lámparas fuera de foco en los fondos, han sido cruciales para mantener el equilibro de luz entre músicos y fondo.

Juan delante de la pecera del estudio, material crudo de cámara.

 

Captura de fotograma ya etalonado.

   Trabajar en estudio con música en directo siempre es muy agradecido, dirigir la fotografía en los directos de Shepherd, ha sido un reto para buscar el modo de contar mucho con poco, llegar a la conclusión que menos es más, sin estridencias en la imagen,  y así conseguir que la música sea la protagonista.

   Gracias a Abelardo Castro y Macarena Sabino por su trabajo en las cámaras y su sensibilidad para componer planos. Y a Juan Jaramillo y Ale Caracuel por dejarme hacer lo que he querido.

   Antonio Galisteo · Director de Fotografía, ICE Sony.